
El club
Un club chico, con la puerta compartida.
El Círculo no tiene socios numerados ni una app. Tiene una cocina japonesa, una recámara para quien se queda a dormir y una sala donde a veces cabe un proyector o una mesa de barro.
Lo armamos para estar, no para crecer de local. Los encuentros —un taller, una película, una charla de proyectos— se anuncian aquí y se apartan por mensaje. No vendemos boletos en el sitio.
La sala
Es el cuarto de en medio. Ahí pasan el cine, las charlas y los talleres que no necesitan hornilla. Si un encuentro usa la sala, la ficha lo dice. No hay escenario ni taquilla.
Venir
La dirección no está publicada. Si vienes a un encuentro, te la mandamos al confirmar el lugar. Si vienes a ver una pieza de la vitrina, escribe al club y decimos cuándo está abierta la sala.
El restaurante tiene su propio horario. La recámara se aparta aparte. No hace falta quedarse a dormir para comer, ni comer para entrar a una charla.
La vitrina
Al lado de la sala hay un estante. Ahí entra, de vez en cuando, una pieza de alguien que no es el club: un cuenco, un frasco, un fanzine. El QR de esa pieza abre la ficha de quien la hizo, con el producto marcado, para que se lea de dónde es y qué más tiene.
No somos un marketplace. El estante muestra. Si la pieza se vende aquí, en persona o por mensaje, lo dice su ficha —y puede cambiar de una a otra sin rehacer el sitio.